¿Cómo analizas la situación actual del mercado de piedra de color en nuestro país?
Estamos ante un mercado con altibajos, marcado sobre todo por la incertidumbre nacional e internacional que afecta al consumo, pero es cierto que el cliente que puede permitírselo busca cada vez productos de mayor calidad.
Es evidente que existe una creciente oferta a través de Internet que promete productos a precios de ‘ganga’, pero el cliente serio, como siempre lo ha sido, quiere confianza, ver la piedra, examinarla… tal y como hago yo mismo con mis propios proveedores internacionales. Se mira el tamaño, la talla, el color, la pureza.. y, por supuesto, si es de un tamaño importante, con su correspondiente certificado.
No obstante te adaptas a los diferentes tipos de cliente, ¿no es cierto?
Por supuesto. Como es lógico hay diferentes perfiles de clientes profesionales en función de su propio mercado y del tipo de producto que comercializa. El sector está dividido entre el que se dedica a la alta joyería, que busca piedras importantes, y luego está el que necesita un género más ajustado a su clientela.
Lo que sí es cierto es que estamos ante una realidad en la que el cliente al que le gusta la joyería de calidad tiene cada vez más otras opciones en que gastar su dinero. Tiene más acceso a la información, sabe lo que quiere y demanda un producto ad hoc.
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Con todo, el precio de las piedras de alta calidad no sólo se mantiene sino que sigue creciendo…
Así es. Por ejemplo las esmeraldas de Brasil, Colombia, o Zambia, estas últimas antes más asequibles, cada vez tienen un precio más alto pero tiene un sentido: En origen los compradores internacionales pagan diferentes precios por la misma calidad. Paga más un chino o un alemán, por poner un ejemplo. Es importante saber cuándo comprar y cuánto cuesta una piedra ya que actualmente el cliente final busca buena calidad.
«El paradigma está cambiando. El cliente busca y compara previamente (muchas veces de forma errónea o desinformada por Internet) y viene a la tienda pidiendo algo muy concreto, con sus propias ideas, no se deja aconsejar»
Hablamos habitualmente con los ‘pedreros’ de la demanda de sus profesionales pero, ¿cuánto influye el cliente final en el mercado?
Mucho sin duda alguna. Y este es un cambio muy serio que hay que observar porque está cambiando el concepto de relación entre joyero y cliente. Tradicionalmente el joyero no sólo ofrecía el producto, sino que era un prescriptor, indicándole y aconsejándole en el proceso de compra… y el cliente estaba más abierto a esas propuestas.
Ahora ese paradigma está cambiando. El cliente busca y compara previamente (muchas veces de forma errónea o desinformada a través de Internet) y viene a la tienda pidiendo algo muy concreto, con sus propias ideas. Antes se dejaban aconsejar más por el joyero. Ahora el joyero debe estar muy bien formado, ser muy profesional y tener mucha capacidad de convicción.
También está el cliente final que cree que detrás de las gemas siempre hay intereses ocultos, explotación, abusos…
Esa es otra falacia que desde el conjunto del sector joyero debemos combatir pues no es así en el 99% de los casos. En mis 25 años viajando a minas en Colombia o Brasil, jamás he visto a niños trabajando u otras situaciones desagradables. No quiere decir que no existan en minas fuera del circuito industrial pero ahí tenemos países, como Botwsana, que son ejemplo de crecimiento y distribución de la riqueza.
Sin embargo nadie se queja de la explotación con otros productos como el coltán o el litio donde sí hay abusos, pero resulta que son imprescindibles para la tecnología de nuestros móviles y ordenadores. De todo eso no se escucha nada en los grandes medios generalistas. ¿Es curioso, verdad?
