Guerra abierta entre el conocido empresario de la industria Martin Rapaport y el Consejo Mundial del Diamante (WDC, en sus siglas en inglés) a cuenta de la manera de implantar un sistema que realmente pueda controlar el tráfico de diamantes rusos en el mercado internacional, y que vaya un poco más allá de la actual higiene facial.
PUBLICIDAD
El Consejo Mundial del Diamante, representado por unas 60 empresas y asociaciones entre las que destacan De Beers, Rio Tinto, Tiffany’s o la Federación de Bolsas de Diamantes, está en conversaciones con los países del G7 para impulsar su propuesta de veto a los diamantes rusos.
El Consejo propone una prohibición en gran medida autorregulada, en la que los comerciantes de diamantes declaren que cualquier piedra de más de 1 quilate no sea de Rusia. Ese check-in se aplicaría mediante controles aleatorios y auditorías de terceros.
Sin embargo esa propuesta no está gustando a parte del mercado norteamericano que, liderado por Rapaport, asegura que su puesta en marcha «destruirá muchas empresas estadounidenses, pequeñas y medianas, que no pueden cumplir con los extensos e innecesarios requisitos de cumplimiento y auditoría». Para superarlo, Rapaport propone un mecanismo alternativo de control, basado en la trazabilidad desde el origen.
Pero su crítica va más allá y en un comunicado el presidente del grupo, Martin Rapaport afirma que “el Consejo Mundial del Diamante es una organización poco ética, deshonesta y peligrosa que se ha infiltrado en otras organizaciones comerciales para restringir el comercio estadounidense, reducir la competencia y ampliar el poder de mercado de las grandes empresas”.
Una acusación grave que de momento, al menos públicamente, no ha recibido respuesta por parte del Consejo, que justo ayer seguía impulsando su propuesta en la Asamblea Anual del Proceso Kimberley que se celebra esta semana en Zimbabwe.
PUBLICIDAD
Propuestas desde diferentes ámbitos
En contrapartida la presidenta del WDC, Feriel Zerouki, aseguraba ayer en el plenario del Proceso Kimberley que el Protocolo del Diamante del G7 será “accesible para todos, incluidos los mineros artesanales, los pequeños y medianos actores del sector informal y formal, así como los grandes actores del sector que tienen capacidades tecnológicas”.
Sin embargo estas no son las únicas medidas de control de los diamantes rusos. Según se baraja en los círculos internacionales del diamante otro proyecto promovido por mayoristas de Amberes certificaría las piedras pulidas de más de 1 quilate (o 1,4 en bruto) como ‘no rusas’ utilizando el encriptado ‘blockchain’ y posteriormente se canalizarían a través de un único punto de entrada a los países del G7.
PUBLICIDAD
Pero no se vayan todavía, que hay más: “India y Francia también han presentado sus propias propuestas al G7” según publicaba ayer mismo el conocido medio israelí IDEX Online, aunque aún no han trascendido los detalles.
La discusión está servida.