El origen mítico de las esmeraldas colombianas y la cultura del oro Muisca

Un viaje entre la historia y la leyenda, a través de la pluma de María R. Dávila
Una esmeralda recién encontrada en Muzo, Colombia.
martes, 3 de mayo de 2022 Actualizado a las 13:00
María R. Dávila
María R. Dávila

Las esmeraldas del Occidente de Boyacá, apreciadas por su extraordinario color y belleza pertenecen a los distritos esmeralderos de Muzo y Cunas, se encuentran en rocas sedimentarias de tipo Lodolita negra, generalmente en venas o brechas asociadas a otros minerales como dolomita-calcita-albita-pirita. En ocasiones se encuentran carbonatos de tierras raras como la Parisita.

Estas son las características geológicas que hacen especiales a las esmeraldas de esta región pero cuentan también con un origen mítico dentro de su contexto histórico-geográfico, que tiene como fuentes documentos relacionados con la historia de la región y la historia de este mineral.

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Entre historia y leyenda

El origen de las esmeraldas parte de un mito que se cree de origen Muzo, pueblo que explotó las minas tras desplazar del territorio a los Muiscas en torno al año 600 d.C.

Peñones de Fura y Tena. Boyaca, Colombia. © María R. Dávila

La Leyenda de Fura y Tena cuenta cómo se crearon las esmeraldas y las peñas que las contienen. Así fue Are, el supremo dios y creador del territorio y pueblo de los Muzos, quien a orillas del sagrado rio creó los primeros seres humanos, llamando Fura a la mujer y Tena al hombre, a quienes les concedería la inmortalidad siempre y cuando fueran fieles entre ellos mismos.

Con la llegada de Fura y Tena se empezó a formar el mundo de los Muzos, quienes empezarían a poblar y trabajar la tierra.

La inalterable juventud de Fura y Tena duraría hasta la aparición de Zarbi, descrito como un mancebo de raza extraña que venía desde Occidente buscado una flor privilegiada y misteriosa. Fue Fura quien se ofreció ayudarle en esta tarea. 

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Pero adentrados en la montaña el sentimiento de Fura fue cambiando hacia Zarbi transformándose en amor y dando origen a la infidelidad de Fura hacia Tena, lo que llevaría a ambos a envejecer.

Consciente de la traición de Fura y del incumplimiento de la de la ley Tena decidió suicidarse. Zarbi, preso de ira al ver el cadáver de Tena en la rodillas de Fura, rasgó sus entrañas brotando tanta sangre que convirtió el rio Carare en un cauce tormentoso que separó para siempre a Fura y a Tena.

Rio Minero. Boyacá, Colombia. © María R. Dávila

La tristeza de Fura por la pérdida de Tena hizo que se lamentara por siglos, brotando de sus gritos mariposas y de sus lágrimas montañas de esmeralda. Y es así como el mito de los Muzos da origen a las esmeraldas.

Pero la triste suerte de Fura y Tena conmovió el corazón de Are que los perdonó, poniéndoles a vigilar los sagrados peñones, una guardia permanente de tempestades, de rayos y serpientes y permitiendo que sean siempre las aguas del rio minero, sangre de Zarbi, las que descubran, clarifiquen, laven y abrillanten las esmeraldas de Muzo.

Por eso y desde entonces los Muzos tienen, además de su gran templo en el bífido peñón de Fura-Tena, las más ricas minas de esmeraldas, las más venenosas serpientes y las más bellas mariposas.

Antecedentes históricos

Desde la perspectiva histórica, los Muiscas fueron la sociedad prehispánica que más contacto tuvo con las esmeraldas y entre los que se han encontrado más evidencias en los hallazgos arqueológicos.

Se trataba de un pueblo profundamente religioso. Creía que en mundo se dividía en tres partes: el Supramundo arriba, Inframundo abajo, y el Mundo Medio, donde se encontraban los humanos.

El inframundo era para los muiscas de color verde y este era el valor de las esmeraldas. Este color representaba el agua, la fertilidad y la fuerza de la vida, de manera que incluyeron muchas de estas esmeraldas en sus ofrendas religiosas.

Ofrenda Muisca. © Museo del Oro de Bogotá, Colombia

Las ofrendas se depositaban en lugares sagrados como lagunas y cuevas, rocas, campos agrícolas y cimas de montañas. También en templos y en adoratorios llamados cucas.

Presentan una gran diversidad de materiales, como objetos realizados en arcilla, textiles y objetos de orfebrería realizados, en oro ‘tumbaga’, una aleación de oro y cobre en diversas proporciones, que producen una gran gama de tonalidades: doradas, plateadas y rojizas, y que se aplicaba como técnica decorativa en las figuras antropomorfas.

La principal forma de obtener el oro era el bateo en los aluviones de los lechos de los ríos, e incluso para facilitar la recolección del metal, se realizaban canales para desviar los cauces. Las ofrendas presentan una gran diversidad tipológica, con sus particularidades iconográficas.

Bohío de ofrenda. © Museo del Oro de Bogotá.

Así, en las colecciones del Museo del Oro de Bogotá, encontramos un recipiente de cerámica en forma de bohío o casa típica de forma circular construida con ramas, paja, barro, con cuatro pequeñas figuras con forma humana, de oro tumbaga, realizadas a la cera perdida. También dos tejuelos, lingotes de oro fundido solidificado en un crisol, que presentan cierta textura, y tres pepitas de oro nativo, además de 37 cristales de esmeralda, fragmentos de vidrio y numerosas cuentas de collar de piedras de diferentes colores.

Esculturas antropomorfas ‘tungos’ en bulto redondo en oro tumbaga. © Museo del Oro de Bogotá.

Los tungos, como se denominan a estas figuras con rasgos humanos que contenía la ofrenda, podrían estar representando a los caciques de los pueblos, ya que la vida de los muiscas giraba en torno a ellos.

Era una sociedad jerarquizada con una numerosa población que vivía en aldeas dispersas en las laderas y los valles organizadas en cacicazgos. La producción intensiva de maíz, patata y otros tubérculos permitió el sostenimiento de las clases más altas entorno a los que giraban las ceremonias religiosas de esta sociedad, y los orfebres.

Un viaje entre la historia y la leyenda de la tradición de las esmeraldas y el oro en Colombia
Balsa Muisca. 600-1600 d.C. Medidas: 10,2×19,5×10 cm. © Museo del Oro de Bogotá.

La famosa balsa muisca alude a estas ceremonias donde el protagonista era el cacique, y que fue encontrada en el municipio de Pasca, dedicado totalmente a la orfebrería.

Según las fuentes, la balsa representa el momento en que el cacique entra en la laguna y a la que son arrojados diferentes objetos votivos. Las figuras se representan en la balsa con un total orden jerárquico quedando patente cuál es el estatus y la función de  de cada personaje representado.

Las figuras están realizadas recurriendo dos técnicas diferentes como el estiramiento de hilos de oro, formando diferentes ornamentemos del atuendo, y mediante calado de laminas de oro tumbaga, lo cual nos da una idea del dominio y la exploración de técnicas artísticas para la elaboración de estos objetos votivos.

«A la laguna de Guatavita entraban algunas balsas donde los navegantes se cubrían el cuerpo de una trementina muy pegajosa y, sobre ella, echaban polvo de oro esperando a que el sol les diera su resplandor»

Según la descripción de los cronistas de la conquista española, en la laguna de Guatavita entraban algunas balsas donde los navegantes se cubrían el cuerpo de una trementina muy pegajosa y, sobre ella, echaban polvo de oro esperando a que el sol les diera su resplandor para llevar a cabo una ceremonia donde había sacrificios y ofrendas, arrojando a la laguna piezas de oro y esmeraldas. Así lo acredita Juan Rodriguez Freyle en 1636, en su libro ‘Conquista y descubrimiento del nuevo Reino de Granada’.

La laguna de Guatavita, que algunos identificaron como ‘El Dorado’.

Las esmeraldas no solo se arrojaban a la laguna en bruto sino que también se lanzaban engastadas en tungos, de los que tres ejemplos se pueden encontrar en el museo del Oro de Bogotá.

Recipiente de ofrenda y tungos. 600-1600 d.C. © Museo del Oro de Bogotá.

El informe gemológico de las piedras acredita que, efectivamente, son esmeraldas naturales en bruto y que proceden de las minas de Muzo o Coscuez por la tonalidad que presentan y las inclusiones que contienen.

Según los análisis de las piezas los muiscas ya habrían sido desplazados del territorio de la ladera occidental de manera que debieron ser fruto de un intercambio comercial con sus vecinos muzos. En esta época ya existían complejas rutas comerciales.

Según los datos aportados por varios cronistas sabemos que, los muzos entregaban a los muiscas esmeraldas a cambio de mantas de algodón y cerámica, manufactura que los aquellos no producían, a cambio de las piedras que necesitaban tanto para las ofrendas como para adorno personal.

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